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No necesitamos ser sabuesos para seguir el rastro de un pastel de chocolate o unas cookies recién sacadas del horno.El poder del aroma a chocolate es un hecho constatado en numerosos estudios aplicados a los más diversos ámbitos. Sus efectos han sido probados en tiendas de dulces y caramelos, boutiques de la más fina lencería y hasta en librerías que a simple vista nada tienen que ver con esta deliciosa arma de marketing.

Sobre este último campo, el Journal of Enviroment Psychology , publicó un estudio llevado a cabo en una librería de Amberes en la que durante 10 días se colocaron equipos que cada cierto tiempo difundían aroma a chocolate. Los resultados revelaron que las ventas se incrementaron en un 22% siendo las secciones de cocina y novela romántica las que más se beneficiaron de este aumento.

Granos de chocolate

Y es que el solo hecho de oler chocolate tiene en nosotros efectos similares al de algunas drogas provocando en nosotros un estado de relajación, debido al incremento en las ondas Theta emitidas por el cerebro, y una sensación de placer, gracias a la liberación de encefalina, que favorece la prolongación de nuestra estancia en el punto de venta potenciando determinadas conductas orientadas a los hábitos de compra.

Cada vez son más las marcas que apuestan por el uso del marketing olfativo y aromatizan sus establecimientos con aromas y fragancias con el objetivo de impulsar sus ventas y dejar un recuerdo positivo en sus clientes que, a parte de diferenciarlos de la competencia, cree en ellos la necesidad inconsciente de volver.

Y es que puestos a dejarnos seducir por las campañas de marketing que, queramos o no, van a «colarse» en nuestra mente, que mejor manera de caer en la tentación que hacerlo de la mano del pecado en forma de perfume de bombón, porque a nadie le amarga un dulce, ¿no?

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