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Abrir las ventanas y notar los primeros rayos de sol. Oler el café recién hecho, sentarte en el jardín con la taza aún humeante y saborear su intenso aroma que se mezcla con el dulce olor del jazmín en verano. Verano, ¿a qué huele el verano? o lo que es lo mismo, ¿a qué huelen nuestros recuerdos de verano?

El verano huele a crema solar de coco y a playa. A partidos de palas y castillos imposibles, a baños interminables y a sal. Huele a paseos y atardeceres junto a la orilla del mar, a su brisa y a largas veladas junto a la luz de una hoguera en la arena, a hierbabuena y mojito acompañado de los acordes de una guitarra que algún amigo solía tocar.

trigo

Huele a la casa del pueblo, al pan de horno de leña, a la comida casera de la abuela y a la tierra seca de los campos de trigo. El olor de la hierba mojada al tumbarnos sobre la toalla, a piscina y a aftersun.

Y es que cómo dice el título, con permiso del desaparecido Fernando Fernán Gómez, hay cosas que son para  el verano. En verano todo huele bien y todo nos sabe mejor. El olor de la fruta fresca, jugosa. El aroma de la sandía, el melón, el melocotón y las cerezas.

El ambiente tiene un olor fresco, alegre. Son olores que nos activan, nos animan y nos recargan las pilas para el resto del año. Olores que te invitan a salir, a vivir y a disfrutar. Perfumes que se fijan en nuestra memoria olfativa de recuerdos positivos y buenos momentos vividos. Olores que reviviremos al contemplar el álbum de fotos de los veranos de nuestra vida.

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El marketing olfativo es capaz de recrear el verano en cualquier época y convertir cada visita en una auténtica experiencia estival. Que tu local huela a mojito o a playa, que tu centro deportivo huela al césped de un jardín o que en tu local casi puedas saborear el jugo de una fresa es posible. Si quieres saber cómo, entra en www.dejavubrands.com y conócenos.