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El final del verano llegó. Y aunque a nosotros también nos pone un poco tristes tenemos que confesar que el otoño es una de nuestras estaciones favoritas. Las hojas cayéndose de los árboles, los días acortándose poco a poco, los bañadores dando paso a los jerseys… y sus olores. Porque esta estación no sería lo mismo sin los olores del otoño.

En condiciones normales, las nubes, las tormentas y  los chubascos habrían ido apagando poco a poco el sol, mojando el suelo y dejando paso a los olores del otoño. Estos aromas son tales que podemos compararlos con sonidos, pues marcan los objetos y dejan en ellos su huella dotándolos de notas características, diferenciándolos. De esta forma los olores del otoño calan en las personas y llenan su memoria evocando recuerdos y sensaciones. Porque estos olores nos hacen recordar.

Si tuviéramos que elegir nuestro favorito entre todos los olores del otoño no podríamos. Aunque sin duda tenemos algunos que creemos que definen a la perfección esta estación.

El olor a lluvia. Imagina como empieza a caer la tarde y el cielo empieza a teñirse de gris. El ambiente comienza a llenarse de humedad y las hojas comienzan a agitarse. Es el aroma de la lluvia acompañado de un sin fin de momentos que sin duda, recuerdan al otoño.

Con el paso de la lluvia queda su rastro, dejando en el suelo miles de esporas que hacen que la tierra comience a emitir uno de sus aromas más característicos. El olor a tierra mojada, este es producido por una molécula, la geosmina. Fabricada por unos microorganismos que viven en el suelo. Que al entrar en contacto con la humedad liberan sus geosminas y nos permiten disfrutar del mismo, al igual ocurre con la madera mojada, otro de los olores del otoño.

¿Alguna vez habéis disfrutado del olor a setas? Escondidas entre un montón de hojas, asoman pequeñitas emanando su olor característico, una mezcla de planta que se funde a la perfección con el ambiente mojado que se vuelve enmohecido y oxidado por momentos.

Y las castañas, que sería del otoño sin el olor a castañas asadas de la castañera. Que cada año coloca su puesto en el mismo sitio para inundar las calles con su aroma tan característico de estas fechas.

Dejamos la calle a un lado y volvemos a casa. Una casa que huele a chimenea, a lumbre recién hecha, a madera quemándose poco a poco y nos traslada a esas tardes de domingo llenas de historias y recuerdos.  Que no serían lo mismo sin el olor a café recién hecho saliendo de la cocina.

Aromas especiados, con notas de madera y tierra. Así son los olores del otoño. Y puedes llevarlos a tu casa con canelas y vainillas, que gracias a sus notas terrosas recuerdan a la humedad del bosque en esta época. Y te harán disfrutar de este tiempo con paz y serenidad gracias a sus efectos tranquilizadores que reducen el estrés y ayudan a reponer fuerzas.

Así es el otoño, uno de los momentos más ricos en olores, en aromas. Gracias a la aparición de la lluvia y del frío (aunque en nuestro caso se esté retrasando un poco) los olores y los matices se perciben mejor y así podemos disfrutar del cambio de estación con el olfato.

Olores que marcan los cambios de estación y hacen que las sensaciones se vuelvan más marcadas y se recuerden mejor. Porque así son los aromas, nos hacen recordar muchas cosas gracias a ellos. Y tú ¿quieres tener un aroma tan característico como el otoño?  En Dejavu Brands lo hacemos posible.